Uno de los alicientes que ofrece un blog de cocina es que te pones como reto el preparar tú misma algunos platos, en este caso unas galletas, que "nunca jamás de la vida" te habrías imaginado que serías capaz de hacer. Y esto es lo que me ha sucedido con la marañuelas de Candás. Siendo asturiana, las he tomado a lo largo de mi vida en múltiples ocasiones pero siempre, o casi, compradas.
En Alacenas y Fogones, Hilda explica perfectamente cómo hacerlas. Luego las volví a encontrar en el blog de Nieves, Dulce y Salado. Y a continuación fue Candy, de La cocina de Pinky, quien se animó con ellas, esta vez haciendo uso de la Thermomix, así que poco a poco se me iban acercando "peligrosamente".
Y estas navidades, con un kilo de mantequilla de León en casa, mantequilla de pueblo, natural, buena... qué digo buena ... excelente, estando de vacaciones, y por lo tanto con un poco más de tiempo libre que de costumbre (esto es un decir , porque época de más trajín que ésta... pocas), ya no me quedaba excusa.
Así que aquí están. Han salido muy buenas (esto recordad que lo digo para que os animéis con ellas, no por otra cosa...
). Y no sigo con la introducción, que, como de costumbre....

). Y no sigo con la introducción, que, como de costumbre....

Necesitaremos: (yo las he hecho con el método tradicional, sin Thermomix, pero en el blog La cocina de Pinky las tenéis con el famoso robot)
1 kilo de harina de fuerza
1sobre de levadura
4 huevos
350 g. de mantequilla de buena calidad
500 g. de azúcar
1 copita de anís
Cocemos la mantequilla. Para ello, la ponemos en un cazo a fuego bajo. Después de un rato vemos cómo se forma una espuma en la superficie que vamos retirando con una espumadera. En el fondo tendremos unos restos sólidos. Colamos la mantequilla, dejamos que temple y ya la tendremos lista para utilizar. Podemos hacer esto el día anterior al que vamos a preparar las marañuelas.
En un recipiente grande ponemos la harina mezclada con la levadura, formando un volcán. En la parte interna vamos echando el azúcar y en el hueco central los huevos, la ralladura de limón, la manteca cocida y el anís. Empezamos a mezclar los ingredientes, empezando por romper las yemas, que iremos mezclando con el azúcar. Seguimos mezclando con la harina, hasta que tengamos una masa con la que podemos hacer una bola.
La guardamos en el frigorífico un rato, media hora mínimo, y a continuación vamos cogiendo trozos, formamos un cordón y doblamos haciendo las formas que más nos gusten.
Precalentamos el horno a 180º.
La guardamos en el frigorífico un rato, media hora mínimo, y a continuación vamos cogiendo trozos, formamos un cordón y doblamos haciendo las formas que más nos gusten.
Precalentamos el horno a 180º.
Vamos colocando las marañuelas en una bandeja de horno forrada con papel de aluminio engrasado (yo no lo engrasé, se me olvidó, y no tuve problema, no se pegaban..), teniendo la precaución de dejar un poco de separación ya que al llevar levadura la masa aumentarán un poco de tamaño.
Horneamos unos 20 minutos, aunque dependerá de cómo nos gusten de doradas.
Horneamos unos 20 minutos, aunque dependerá de cómo nos gusten de doradas.
Retiramos a una rejilla hasta que enfríen y guardamos en una lata, donde se conservarán muuuuuchos días.
NOTA: las marañuelas son unas galletas duras. Si queremos que ablanden un poco las podemos dejar sin tapar .
Y os muestro un libro que a mí me ha encantado, De qué hablo cuando hablo de correr . No es una novela al uso de Haruki Murakami, sino una obra donde el célebre escritor japonés reflexiona y comparte con sus lectores lo que el deporte, el correr , las carreras de fondo más concretamente, suponen en su vida.
Sus infinitas horas de entrenamiento, sus sufrimientos a nivel físico, su capacidad de aguantar el sacricio y, sobre todo, de generar motivación él mismo y para sí mismo.
Porque no precisa de la competición frente a los demás. Para Murakami el deporte es el objetivo . El espíritu de superación frente a él mismo es infinitamente más importante que la superación del otro.
Murakami rechaza los estereotipos: los escritores, bohemios, desordenados , adictos a la nicotina... pues no: él es escritor pero la actividad física en su vida es algo absolutamente prioritario.
Indispensable para aquell@s que gustamos de salir a correr . En mi caso, ha sido una gran satisfacción disfrutar de este libro.
Está en Leer Guapamente , si quieres verlo allí, pincha aquí
Y os muestro un libro que a mí me ha encantado, De qué hablo cuando hablo de correr . No es una novela al uso de Haruki Murakami, sino una obra donde el célebre escritor japonés reflexiona y comparte con sus lectores lo que el deporte, el correr , las carreras de fondo más concretamente, suponen en su vida.
Sus infinitas horas de entrenamiento, sus sufrimientos a nivel físico, su capacidad de aguantar el sacricio y, sobre todo, de generar motivación él mismo y para sí mismo.
Porque no precisa de la competición frente a los demás. Para Murakami el deporte es el objetivo . El espíritu de superación frente a él mismo es infinitamente más importante que la superación del otro.
Murakami rechaza los estereotipos: los escritores, bohemios, desordenados , adictos a la nicotina... pues no: él es escritor pero la actividad física en su vida es algo absolutamente prioritario.
Indispensable para aquell@s que gustamos de salir a correr . En mi caso, ha sido una gran satisfacción disfrutar de este libro.
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